El Periodo Tardío de Egipto

El periodo tardio de Egipto , Baja época o época Saita esta comprendida en la historia del antiguo Egipto como el final de su relativa autonomia regional que ejercian, va desde la dinastía XXVI, Saíta, en el siglo VII a. C., hasta la conquista de Alejandro Magno (que da inicio al Periodo helenístico de Egipto) en los años 750 a.c -30 a.c aproximadamente.

Inicios y desarrollo de la Baja época


Comienza con la reunificación del país por un rey Kushita Menjeperra Pianjy, también denominado Piye, el fundador de la dinastía XXV de Egipto que gobernó desde la ciudad de Napata, en Kus . Tradicionalmente este periodo termina con el asesinato de Ptolomeo XV, hijo de Julio César y Cleopatra VII. Hay seis dinastías descritos por Manéton (fue un sacerdote e historiador egipcio de expresión griega) quien fue comtemporaneo a la Dinastia Ptolemaica

La baja es un período de fuerte inestabilidad, caracterizado por la sucesiva toma de poder por gobernantes extranjeros entrecalados por cortos períodos de independencia egipcia. Estos gobernantes, aunque de muy diferentes culturas, se ajustaron al modelo egipcio respetando su cultura, al tiempo que incorporaron elementos de su cultura.


Invasiones de las potencias extranjeras : asirios y persas

Tras la conquista asiria de Egipto, al final del Tercer periodo intermedio, el gobierno egipcio fue encomendado a varios gobernadores locales vasallos, hasta que una insurrección fracasada acabó con muchos de ellos. Cuando abandona Egipto el rey asirio Asurbanipal, dejando un país arrasado por la guerra, el poder comenzó a concentrarse en torno a uno de los mandatarios del delta, Psamético I (c. 664-610 a. C.), gobernador de la ciudad de Sais.

Las causas de la caída de Asiria hay que buscarlas en el desgaste del ejército, que debía enfrentar a enemigos distantes que ofrecían tenaz resistencia; asimismo en la decadencia de los estados periféricos (provocada por los ataques de la propia Asiria), que facilitaba la infiltración de pueblos nómadas (cimerios, escitas, y medos). A todo esto se le sumaban las crisis sucesorias, como la que se provocó con motivo de la muerte de Asurbanipal (c. 630 a. C.). Entonces, el líder caldeo Nabopolasar tomó Babilonia y dirigió sucesivas campañas contra Asiria. Nabopolasar selló una alianza con el jefe medo Ciáxares, y juntos destruyeron las capitales asirias.

El periodo tardio de Egipto comienza con la reunificación del país por Piye, que abre la dinastía XXV que Estará marcada por la pérdida de control del país después de la invasión Asiria que va a dejar profunda heridas en el espíritu de los egipcios: los asirios saquearon y quemaron templos sus templos y las ciudades como por ejemplo Tebas. la mala administracion de la nacion egipcia fomentara o promoverá la aparición de la dinastía Saita XXVI, de origen libio

Cambises II (529-522 a. C.) sucedió a su padre Ciro. Cambises concentró su política exterior hacia Egipto, y la conquista de dicho país fue sustentada por varias traiciones: de Samos, de un general mercenario griego y del egipcio Udyahorresne, gran sacerdote de Neit de Sais y jefe de la flota. Cambises derrotó a Psamético III en Pelusio (525 a. C., ciudad situada en el brazo más oriental del Nilo) y luego tomó Menfis.

Cambises regresó a Asia, dejando en Egipto como gobernador o sátrapa al persa Ariandes. Muerto Cambises, y derrotado a su vez Gaumata por Darío (miembro de una rama colateral de la dinastía persa), estallaron rebeliones nacionalistas a lo largo y ancho del imperio. El Egipto recién conquistado se vio implicado en ellas, aunque sin éxito; de hecho las demás rebeliones fueron reprimidas en unos dos años por Darío I, quien se proclamó emperador (521-446 a. C.).

En términos de expansión territorial, durante su reinado se conquistó el oeste de la India y se invadió fallidamente Grecia; en Egipto, el sátrapa Ariandes intervino en las colonias griegas de Libia. Bajo Darío está claro que se protegió a la religión egipcia: se realizaron donaciones a los templos de Neit de Sais y Osiris de Busiris, a su vez se protegió el culto a Amón. Económicamente, las provincias de Egipto y de Babilonia funcionaban como abastecedoras de trigo -incluido este en el tributo- y demás productos agrarios y derivados, así como papiro en el caso egipcio. Grandes extensiones de tierra de las provincias conquistadas quedaron en manos de nobles persas. Darío reabrió el canal que unía el mar Rojo con el delta del Nilo (abierto por primera vez durante el Imperio Medio), promoviendo el comercio hacia Persia, Mesopotamia y probablemente la India, vía Océano Índico, dando gran prosperidad a las ciudades del delta.

Intentos de autonomia en egipto , rebeliones y derrota final

Luego de la crisis del 520 a. C., Egipto pasó unos 35 años de paz estable bajo la dominación persa. La primera rebelión se desarrolló en los últimos años de Darío I, y fue reprimida bajo su hijo Jerjes I (485-425 a. C.). Desde entonces la política internacional persa hacia el frente occidental del Imperio se volcó hacia lograr la conquista de Grecia e impedir rebeliones en Egipto

Las tres dinastías de este período tuvieron su capital en el delta del Nilo (la XXVIII en Sais, la XXIX en Mendes y la XXX en Sebennitos), y todas ellas tuvieron que enfrentarse, no sólo al Imperio Persa, sino a conflictos internos.

Los reyes egipcios de este periodo buscaban exaltar el nacionalismo mediante la construcción y reparación de templos (a la vez ganándose el favor del clero), los que se acercaban a los estilos de la dinastía saíta, última antes de la primera conquista persa. De todos modos los conflictos entre el clero y la monarquía terminaron por manifestarse

La última tentativa autonomica egipcia contra el Imperio Persa fue dirigida por Nectanebo II, quien selló alianzas con sátrapas persas rebeldes y con las ciudades fenicias, y reclutó mercenarios griegos, no obstante la gran rebelión fue finalmente sofocada por el emperador persa Artajerjes III. Los persas conquistaron Egipto en 343 a. C.

La reconquista persa no duró mucho, ya que Egipto fue conquistado por Alejandro Magno en el 332 a. C.

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Escrito por: Luis Portillo